Psi 26.- Emociones

November 23, 2006

EMOCIONES

 

Las emociones se componen de tres ingredientes:
1)      La excitación fisiológica (ej: Fuertes latidos del corazón).
2)      Comportamientos expresivos (ej: Paso acelerado).
3)      Experiencia consciente (ej: Interpretar las intenciones de la persona y sentir miedo).

 

I. FISIOLOGÍA DE LA EMOCIÓN
            Las emociones son respuestas psicológicas que implican una excitación fisiológica controlada por el sistema nervioso autónomo. El sistema simpático activa la excitación (por ejemplo, haciendo que las glándulas suprarrenales liberen adrenalina y noradrenalina para aumentar el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y los niveles de azúcar en sangre) mientras que el sistema parasimpático calman el cuerpo.
            Nuestra actuación en una tarea suele ser mejor cuando la excitación es moderada, aunque el nivel de excitación para una actuación óptima varía según las tareas que se desempeñan. Así, en las tareas fáciles o bien aprendidas, la mejor actuación se produce con una excitación relativamente alta mientras que en las tareas más difíciles o improvisadas, la excitación óptima es en cierto modo menor. Los estudiantes que sienten una gran ansiedad durante los exámenes lo hacen peor que otros estudiantes igualmente capaces pero más confiados. Enseñar a los estudiantes a relajarse antes de un examen a menudo les ayuda a obtener mejores resultados.
            La excitación fisiológica que se produce con una emoción con frecuencia no puede distinguirse de la excitación que acompaña a otra emoción. Esto quiere decir que no podríamos distinguir una persona enfadada de una persona atemorizada examinando parámetros como la respiración, los ritmos cardiacos o la transpiración por que todos darían los mismos valores gracias al sistema nervioso simpático. Sin embargo, el temor, el enfado o la excitación sexual se sienten de distinto modo. Una persona horrorizada puede tener una sensación de opresión y hundimiento en el pecho y sentir un nudo en el estómago, mientras que una persona enfadada puede sentir sofoco en el cuello y una tensión interior.
            Por otro lado, los científicos han descubierto diferencias sutiles en las vías cerebrales y las hormonas relacionadas con distintas emociones. Así, cuando las personas experimentan emociones negativas (como el asco), el hemisferio derecho presenta una mayor actividad eléctrica. Un hombre que había perdido parte de su lóbulo frontal derecho en una operación de cerebro se convirtió en una persona menos irritable y más afectiva.

 

II. LA EXPRESIÓN DE LA EMOCIÓN
            Las emociones no se revelan únicamente de nuestra excitación corporal, sino también en nuestro comportamiento expresivo. ¿Está el lenguaje no verbal determinado culturalmente?
La comunicación no verbal:

            Todos nosotros establecemos comunicaciones no verbales. Manteniendo la mirada, apartándola o con una mirada fija podemos comunicar intimidad, sumisión o dominación. Entre las parejas que se aman la mirada suele prolongarse y ser mutua.

            Algunos de nosotros somos más sensibles que otros para detectar las emociones. Interpretamos el temor y el enfado a través de los ojos y la felicidad a partir de la boca. Las personas introvertidas tienden a interpretar mejor las emociones, mientras que las extrovertidas son más fáciles de interpretar. Las mujeres detectan mejor las emociones que los hombres. Las mujeres y los hombres se diferencian en cuanto a las emociones que expresan. Las mujeres  demuestran mejor la felicidad y los hombres el enfado.
            Los psicólogos están vinculando varias emociones a determinados músculos faciales. Los músculos faciales difíciles de controlar revelan signos de emociones que tratan de ocultarse. Cuando las personas no intentan engañarnos, podemos acertar más fácilmente. De hecho, nuestros cerebros son unos detectores de emociones bastante impresionantes. Es posible que algún día los indicadores sutiles faciales permitan realizar un nuevo enfoque del comportamiento para detectar la mentira. Por ejemplo, ante estímulos emocionales leves, unos electrodos sobre los músculos faciales pueden detectar ahora las reacciones ocultas. Es posible que el rostro no cambie aparentemente, pero los cambios de voltaje sobre la piel revelan sonrisas o ceños fruncidos micromusculares subyacentes.
            La creciente consciencia de que nos comunicamos a través del lenguaje mudo del cuerpo ha conducido a la realización de estudios sobre el modo en que se comunican de forma no verbal los que solicitan un trabajo y los entrevistadores. Algunos manuales y artículos populares ofrecen consejos sobre el modo de interpretar las señales no verbales. Conviene ser capaz de interpretar los sentimientos que se “filtran” a través de las expresiones faciales sutiles, los movimientos del cuerpo y las posturas. Por ejemplo, juguetear con algo puede revelar ansiedad o aburrimiento. Las interpretaciones más específicas de las posturas y los gestos resultan arriesgadas. Expresiones distintas pueden expresar una misma emoción: tanto una mirada fría como evitar el contacto visual puede significar hostilidad. Y una misma expresión puede comunicar emociones muy distintas: cruzar los brazos, por ejemplo, puede significar tanto relajación como irritación.
La cultura y la expresión
            El significado de los gestos varía de una cultura a otra. Hace unos años, el psicólogo Klineberg oservó que en la literatura china la gente aplaudía para expresar preocupación o desagrado, se reía muy fuerte para expresar enfado y sacaba la lengua para expresar sorpresa. De modo parecido, los signos norteamericanos de “pulgares hacia arriba” y “OK” se interpretarían como insultos en otras culturas. (Cuando el presidente Nixon de EE.UU. hizo el signo de “OK” en Brasil, no se dio cuenta de que estaba diciendo “Hagamos el amor”).
            ¿También tiene las expresiones faciales distintos significados en culturas distintas? Una sonrisa es una sonrisa en el mundo entero. Lo mismo ocurre con otras expresiones básicas. A pesar de algunas diferencias, las culturas y las lenguas también comparten muchas similitudes en  el modo de identificar las emociones como enfado, temor, etc.
            Darwin especuló sobre que en tiempos prehistóricos, antes de que nuestros antepasados se comunicaran con palabras, su capacidad para comunicar amenazas, agradecimientos y sumisión mediante la expresión facial les ayudó a sobrevivir. Creía que esta herencia compartida explica por qué todos los seres humanos expresan las emociones básicas mediante expresiones faciales parecidas. Una expresión desdeñosa, por ejemplo, contiene elementos del gruñido de un animal que enseña los dientes.
            También hemos tenido que adaptarnos a interpretar los rostros en determinados contextos. Las personas consideran que un rostro enfadado en una situación que da miedo está asustado. Consideraron que un rostro atemorizado en una situación dolorosa muestra dolor.
            Las expresiones emocionales pueden también realzar la supervivencia de otros modos. La sorpresa levanta las cejas y abre los ojos, lo que permite la entrada de una mayor información. El asco arruga la nariz, evitando que le lleguen malos olores.
            Si bien las culturas comparten un leguaje facial universal para las emociones básicas, sin embargo se diferencian en el modo y la intensidad en que expresan las emociones. En las culturas que fomentan la individualidad, como Europa Occidental y Norteamérica, las muestras de emoción suelen ser intensas y prolongadas. Las personas se centran en sus propios objetivos y actitudes y se expresan conforme a los mismos. Por el contrario, los japoneses  ocultan sus emociones en presencia de otras personas. Los asiáticos no suelen mostrar las emociones negativas o de autoalabanza que podrían perturbar el sentimiento comunitario dentro de los grupos con fuertes vínculos. Además, en las culturas asiáticas y en otras que enfatizan las conexiones y las interdependencias sociales las muestras de emociones tales como la simpatía, el respeto y la vergüenza son más comunes que en otras de Occidente.
Los efectos de las expresiones faciales
            Las emociones no sólo comunican la emoción, sino que la regulan y la exageran.
            James Laird y sus colegas indujeron sutilmente a un grupo de estudiantes a que fruncieran el ceño, pidiéndoles que “contrajeran los músculos” y “juntaran las cejas”. Los estudiantes dijeron sentirse algo enfadados. Los estudiantes al los que se les indujo de modo similar a que se sintieran algo más felices encontraron los dibujos animados más divertidos y recordaron momentos más felices que los que fruncieron el ceño. Las personas a las que se les enseñó a modelar sus rostros para hacer mímica de expresiones de otras emociones básicas también experimentaron dichas emociones. El pasar a través de los movimientos despierta las emociones. Se pidió a unos actores que mostraran una expresión y la mantuvieran durante diez segundos. Cuando ponían una expresión de temor, su ritmo cardiaco aumentaba y la temperatura de los de los se mantenía. Al poner una expresión de enfado, tanto el ritmo cardiaco como la temperatura de los de los aumentaba. Parece ser que nuestras expresiones faciales envían señales a nuestro sistema nervioso autónomo, que a su vez responde consecuentemente.
            Si el hecho de asumir una expresión emocional desencadena un sentimiento, entonces imitar las expresiones de los demás debería a ayudarnos a sentir lo que ellos sienten. Así pues, un ligero modo de volverse más empático es dejar que tu rostro imite la expresión de la otra persona. Actuar como actúa otra persona nos ayuda a sentir lo que esta siente.

 

III. LA EXPERIENCIA EMOCIONAL
            La psicóloga Carroll Izard distinguió diez emociones básicas: alegría, interés-excitación, sorpresa, tristeza, enfado, asco, desprecio, temor, vergüenza y culpa. Según Izard, otras emociones son combinaciones de estas diez. El amor, por ejemplo, es una mezcla de alegría e interés excitación. Nosotros nos centraremos en tres emociones importantes: el temor, el enfado y la felicidad.
El miedo:
Es una respuesta de adaptación: prepara a nuestros cuerpos para huir del peligro. El miedo desencadena preocupación, que centra la mente en un problema y ensaya estrategias para hacerle frente. Sin embargo, el miedo puede ser una experiencia traumática y puede incluso hasta ser contagioso. Nuestros miedos no reflejan únicamente nuestros propios traumas anteriores, sino también los de nuestros padres y amigos. Además puede que estemos biológicamente preparados para aprender algunos miedos con mayor rapidez que otros. Los humanos aprendemos rápidamente a temer a las serpientes, las arañas, los acantilados, unos miedos que posiblemente ayudaron a nuestros antepasados a sobrevivir. Estamos menos predispuestos a temer a los coches, la electricidad o el recalentamiento del planeta. La amígdala desempeña una función clave en la asociación de distintas emociones, entre ellas el miedo. Esta estructura está conectada a todas las partes del cerebro que producen los síntomas corporales de miedo extremo, como la diarrea o la falta de respiración.
El enfado:
La mayoría de las veces, el enfado surge a partir de sucesos que no son únicamente frustrantes o insultantes, sino que además se interpretan como intencionados, injustificados y evitables por parte de la persona que nos hace enfadar. Pero las molestias sin culpable, tales como los malos olores, las altas temperaturas, un atasco de tráfico y los dolores, también tienen el poder de hacernos enfadar. Fomentar el desahogo de la furia cuando estamos enfadados es un rasgo típico de las culturas individualizadas, pero rara vez se oirá en culturas en las que la identidad de las personas se centra más en grupo. El consejo de “desahogar tu enfado” presupone que la expresión emocional proporciona una liberación emocional o catarsis. La hipótesis de la catarsis mantiene que reducimos nuestro enfado liberándolo a través de la acción o la fantasía agresiva. Esto quiere decir que expresar el enfado puede calmar momentáneamente si no nos deja con un sentimiento de culpa o ansiedad. Puede incluso pasar que al expresar el enfado aumenta aún más. Así pues, aunque “echar humo por la cabeza” puede calmar momentáneamente a una persona enfadada, también puede aumentar la hostilidad subyacente. Por lo tanto, existen dos sugerencias para  manejar el enfado. La primera, reducir el nivel de la excitación fisiológica del enfado mediante la espera: “todo lo que sube debe descender”, como una flecha. La segunda, manejar el enfado de un modo que no implique enfadarse siempre por cualquier mínima molestia ni estar pasivamente enfurruñado, lo que es un mero ensayo de tus razones para estar enfadado.
La felicidad:
Las personas que son felices ven el mundo más seguro, toman decisiones con más facilidad, se muestran más satisfechos con la totalidad de sus vidas y sobre todo, cuando nos sentimos felices estamos más dispuestos a ayudar a los demás. Esto es lo que se denomina el fenómeno de sentirse bien, hacer el bien. Cuando te sientes pesimista, la vida en conjunto te parece deprimente. A pesar de la importancia de la felicidad, la psicología se ha centrado más a menudo en las emociones negativas. Pero los investigadores se están interesando cada vez más por el bienestar subjetivo, esto es, la propia percepción de felicidad o satisfacción en la vida. Se utiliza con medidas de bienestar objetivo (como por ejemplo, los indicadores económicos) para valorar la calidad de vida de las personas.
En la investigación sobre la felicidad, los psicólogos han estudiado las influencias tanto en nuestros estados de ánimo temporales como en nuestra satisfacción vital a largo plazo. Los momentos de estrés como una discusión o una avería en el coche desencadenan malos ánimos, pero al día siguiente el pesimismo casi ha desaparecido. Así, las personas tienden a recuperarse de los malos días con un estado de ánimo mejor de lo habitual al día siguiente. Aparte de la pena prolongada que supone la pérdida de un ser querido o de la ansiedad persistente después de un trauma, incluso la depresión provocada por la tragedia no es permanente. Las personas que se quedan ciegas o paralíticas recuperan niveles casi normales de felicidad. Este es el caso de el actor que encarnaba a Superman, Christopher Reeve. En 1995 un accidente le transformó en una persona inmóvil que necesitaba que le dieran de comer, que le visitaran y que le cuidaran. “Quizás debería despedirme”, le dijo a su mujer poco después del accidente. Pero cuatro meses después en una entrevista con la periodista Barbara Walters, dijo sentir “una verdadera alegría de estar vivo”.
El efecto de los sucesos muy positivos también es pasajero. Esto es lo que pasa con el dinero, la riqueza. Muchas personas (entre ellas la mayoría de los estudiantes universitarios) creen que serían más felices si tuvieran más dinero. Probablemente lo serían durante algún tiempo, pero a largo plazo el aumento de bienestar económico apenas afecta la felicidad. Existen dos principios de psicología que explican las causas por las que, excepto para los más pobres, una mayor cantidad de dinero no compra más que una fuente temporal de felicidad.
1)      Fenómeno del grado de adaptación, que describe nuestra tendencia a formar juicios (de sonidos, de los ingresos, de luces) relativos a un nivel “neutral” (los puntos en los que los sonidos no parecen ni altos ni bajos, la temperaturas no parecen ni frías ni calientes y los sucesos no parecen placenteros ni desagradables) definido por nuestra anterior experiencia. Entonces nos damos cuenta y reaccionamos por encima o por debajo de tales niveles. Así pues, si nuestros ingresos o nuestras notas académicas aumentan, sentimos una fuente inicial de placer . Cuando nos adaptamos a este nuevo nivel de logros, lo percibimos como normal y necesitamos algo todavía mejor que nos proporcione otra fuente de felicidad.
2)      Privación relativa. La felicidad no es sólo relativa a nuestra experiencia anterior, sino también a las comparaciones que hacemos con los demás. Siempre nos estamos comparando con los demás. Por ello, los investigadores formularon el concepto de privación relativa, es decir, el sentido de que somos peores que aquellos con los que nos comparamos. Esto nos ayuda a entender por qué las personas de clase media y de clase alta de un determinado país, que pueden compararse con los relativamente pobres, tienden a estar un poco más satisfechos con la vida que sus compatriotas más desafortunados. Cuando una persona alcanza un nivel moderado de ingresos, los aumentos posteriores apenas hacen que aumente la felicidad por que a medida que las personas ascienden la escalera del éxito la mayoría de las veces se comparan con sus semejantes que están por encima o por debajo de su nivel actual. Si bien el hecho de compararnos con los que están en una situación mejor nos produce envidia, el hecho de compararnos con los que están peor que nosotros aumenta nuestra satisfacción.
Si nuestras emociones tienden a equilibrarse alrededor de lo normal, ¿por qué entonces algunas personas parecen tan llenas de alegría y otras tan deprimidas día tras día? Las investigaciones revelan algunos factores que predicen dicha felicidad. Estos factores son algunos como si tienes una elevada autoestima, si eres optimista y extrovertido, si tienes buenas amistades, dormir bien y hacer ejercicio, o tener un trabajo y un tiempo libre de acuerdo con sus capacidades. Sin embargo, la felicidad no parece ir muy unida a otros factores como la edad, la raza, el sexo (las mujeres se deprimen más a menudo pero también son más alegres), el nivel de educación o el atractivo físico.

 

IV. LAS TEORÍAS DE LA EMOCIÓN
            Las emociones surgen de la interacción de la excitación fisiológica, el comportamiento expresivo y las experiencias conscientes. Pero existen controversias: ¿palpita tu corazón porque estás asustado o te asustas porque sientes que tu corazón palpita? ¿Precede siempre la cognición a la emoción?
Las teorías de James-Lange y Cannon-Bard
            Teoría según la cual nuestra 4experiencia de la emoción es nuestra consciencia de las respuestas fisiológicas a los estímulos de excitación emocional. El sentido común nos dice a la mayoría de nosotros que lloramos porque estamos tristes. Para James, “sentimos pena porque lloramos”. El sentimiento viene después de ka respuesta de tu cuerpo.
Percepción del estímulo           Excitación           Temor (emoción)
(Visión de un coche)                (El corazón palpita)
            La teoría de James-Lange fue considerada por Cannon como poco convincente. Según Cannon, las respuestas del cuerpo no se diferencian lo suficiente como para provocar las distintas emociones. La alteración del rimo cardiaco, la transpiración y la temperatura corporal parecían ser demasiado lentas como para desencadenar una emoción repentina. Cannon y Bard concluyeron que la excitación fisiológica y la experiencia emocional se producen simultáneamente: el estímulo de la excitación emocional es enviado simultáneamente a la corteza cerebral, provocando así la consciencia subjetiva de la emoción y al sistema simpático, lo que provoca la excitación corporal.
                                                           Excitación (El corazón palpita)
Percepción del estímulo
(Visión de un coche)                           
                                                           Temor (emoción)
            La teoría de James-Lange se hizo más verosímil gracias a nuevos datos que denostaban sutiles diferencias fisiológicas entre las emociones. James llegó a pensar que podemos controlar nuestras emociones pasando “a través de los movimientos externos” de cualquier emoción que se desee experimentar.  Aconsejó que “para ser feliz, levántate con alegría”.
            Imagina que tu cerebro no puede sentir cómo palpita tu corazón ni cómo se te revuelve el estómago. Cannon y Bard hubieran esperado que sintieras las emociones con normalidad, ya que creían que las emociones se producen independientemente (aunque de forma simultanea) a la excitación corporal. James y Lange hubieran esperado una emociones muy reducidas, ya que creían que para experimentar la emoción antes debes percibir la excitación de tu cuerpo.
            La mayoría de los investigadores se muestran de acuerdo con Cannon y Bard en que la cognición también interviene en las emociones que experimentamos. Podemos coincidir con James y Lange  al decir que nuestra excitación es un ingrediente importante de la emoción y con Cannon y bard al decir que la emoción no se limita a la interpretación de nuestra fisiología.

 

La cognición y la emoción:
            ¿Cuál es el vínculo entre lo que pensamos y lo que sentimos? Nuestras emociones afectan a nuestros pensamientos. ¿Podemos experimentar la emoción de forma independiente al pensamiento? ¿Podemos alterar nuestras emociones mediante la alteración de nuestro pensamiento?
Teoría de Schachter sobre los dos factores de la emoción
            La mayoría de los psicólogos creen que nuestras cogniciones, es decir, nuestras percepciones, recuerdos e interpretaciones son un ingrediente esencial de la emoción. Schachater ha propuesto al teoría de los dos factores, según la cual las emociones están formadas por dos elementos: la excitación física y una identificación cognitiva, es decir, para experimentar la emoción es necesario que la persona está excitada fisiológicamente e identifique la emoción de forma cognitiva. Al igual que James y Lange, Schachter afirmó que nuestra experiencia de la emoción surge de nuestra consciencia de la excitación de nuestro cuerpo. Pero al igual que Cannon y Bard, también creía que las emociones son fisiológicamente parecidas. Así pues, desde su punto de vista, una experiencia emocional requiere una interpretación consciente de la excitación.

 

                                                           Excitación (El corazón palpita)
Percepción del estímulo                                                                                              Temor
(Visión de un coche)                                                                                             (emoción)                                                             Identificación cognitiva                 
                                                           (“Tengo miedo”)
            Un estado provocado puede experimentarse como una emoción u otra muy distinta, dependiendo de cómo lo interpretemos e identifiquemos. La excitación puede intensificar cualquier emoción. Si insultas a alguien que acaba de ver un concierto de rock, le será más fácil atribuir de forma equivocada su excitación a la provocación. La excitación derivada de emociones tan distintas como el enfado, el temor y la excitación sexual pueden extenderse de una forma a otra.
            La excitación alimenta la emoción y la cognición la canaliza.
¿Debe preceder la cognición a la emoción?
            Para experimentar una emoción, ¿debemos identificar primero nuestra excitación? Si Zanjonc está en lo cierto, la respuesta es no. Defiende que nuestras reacciones emocionales a veces son más rápidas que nuestras interpretaciones de una situación, sentimos algunas emociones antes de pensar.
            Las investigaciones sobre procesos neurológicos demuestran el modo  en que podemos experimentar las emociones antes de la cognición. Algunas vías neuronales implicadas en la emoción dejan de lado las áreas corticales relacionadas con el pensamiento. Una de las vías va del ojo o el oído a través del tálamo hasta la amígdala, que es un centro de control de las emociones. Este atajo permite que se produzca una rápida respuesta emocional precognitiva antes de que intervenga el intelecto.
            Lazarus no está de acuerdo. Reconoce que nuestros cerebros procesan grandes cantidades de información y reaccionan sin que nos demos cuenta y admite de buen grado que algunas respuestas emocionales no requieren un pensamiento consciente. Sin embargo, ha señalado que incluso las emociones que sentimos de forma instantánea requieren algún tipo de valoración cognitiva rápida de la situación.; si no es así, ¿cómo sabemos ante qué estamos reaccionando? Las emociones surgen cuando valoramos que un suceso es beneficioso o dañino para nuestro bienestar.
            Las emociones complejas, como por ejemplo, la culpa, la felicidad y el amor, surgen de forma más clara de nuestras interpretaciones y expectativas. Las personas muy emocionales son intensas debido en parte a sus interpretaciones. Personalizan las situaciones y generalizan sus experiencias dándole una importancia desproporcionada a incidentes aislados.
            Lazarus y Zanjonc coinciden en que algunas respuestas emocionales, especialmente lo que nos gusta, nos desagrada y nos atemoriza, no implican un pensamiento consciente. Puede ser que tengamos miedo a las arañas incluso si “sabemos” que son inofensivas. Respuestas como estas son difíciles de cambiar con la alteración de nuestro pensamiento.
            Otras emociones, entre ellas los estados de ánimo como la depresión y los sentimiento complejos como el odio y el amor, se ven muy afectados por nuestras interpretaciones, recuerdos y expectativas. En lo que respecta a estas emociones, aprender a pensar de forma más positiva sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea nos hace sentir mejor.

 

Alexandra Molina
Ana Muñoz Lozón

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