Inteligencia emocional: relaciones interpersonales
November 25, 2006Las Artes Sociales.
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En las páginas siguientes, encontrará el desarrollo de mi futura exposición en clase, que se centra en el capitulo octavo del libro de Daniel Goleman “Inteligencia Emocional”.
En este capitulo titulado Las Artes sociales, se aborda las claves por las cuales las distintas personas son aceptadas o rechazadas dentro de un colectivo social.
Aborda el núcleo de las relaciones interpersonales, tan importantes en nuestra vida, y de cuyo correcto establecimiento depende nuestra posición en la sociedad y nuestra vida personal.
Para poder abordar todos los temas que Goleman nos presenta, empezaremos haciéndonos una simple pregunta: ¿Qué son las Artes Sociales?
Aunque pueda resultarme complejo de definir, con la lectura de este capitulo, acabamos por concluir que las Artes Sociales son un conjunto de habilidades que constituyen el sistema por el cual somos capaces de conocer los sentimientos de los demás y de, en base a dicho conocimiento, poder hacer algo para transformarlos. Una capacidad que constituye el fundamento mismo del sutil arte de manejar las relaciones.
Pero para llegar a controlar las emociones de los demás, para darnos cuenta de cuales son verdaderamente sus emociones y poder así influir en ellas, necesitamos dominar dos habilidades emocionales fundamentales: El autocontrol y la empatía.
Citando un fragmento del capitulo:
“ Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las <<Habilidades interpersonales>>. Éstas son las aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato con los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal reiterado. Y también es precisamente la carencia de estas habilidades la causante de que hasta las personas intelectualmente más brillantes fracasen en sus relaciones y resulten arrogantes, insensibles y hasta odiosas.
Estas habilidades sociales son las que nos permiten relacionarnos con los demás, movilizarles, persuadirles, y tranquilizarles. Profundizar, en suma, en el mundo de las relaciones.”
Es por tanto imprescindible para establecer una relación social, el saber captar las señales emocionales que la otra persona envía, saber interpretarlas y saber actuar en consecuencia. Hacer todo esto requiere un nivel de empatía importante, a la vez que un autocontrol de nuestros propios sentimientos, ya que no podemos caer en un sentimiento que nos desborde, impidiendo así el acercamiento a la otra persona.
Todo esto se ve mucho mejor en un ejemplo que el autor expone en su libro.
Es el caso de dos hermanos, Len de cinco años, y Jay de dos y medio. Ambos niños se encontraban jugando con un lego, y Len perdió la paciencia con su hermano pequeño que no paraba de desordenar sus fichas. Tal fue el enojo de Len que acabo mordiendo a Jay, hecho por el cual su madre le regañó duramente y le castigó a recoger todo el juego. Ante esta situación, Len cayó en un llanto imparable, un sofoco infantil a modo de rabieta del cual no le podían sacar. Jay, intentó por todos los medios consolar a su hermano, y en el libro podemos leer una batería de estrategias empleadas por Jay para parar el llanto de su hermano, para consolarlo. Y llama extraordinariamente la atención, como un niño tan pequeño, comienza a desarrollar un comportamiento ten empático para conseguir obtener de su hermano, ese cese en su llanto.
Es una situación en la que Jay goza de un gran autocontrol, ya que no manifiesta el enfado que el pueda tener, pues recordemos que el que se llevó el mordisco fue Jay, y que en cualquier caso, él también se ha quedado sin poder seguir jugando con el lego.
Este autocontrol, y su capacidad por entender los sentimientos de su hermano, por tratar de ponerse en su lugar aunque acaben de enfrentarse por un juego, es la que le permite a Jay ser capaz de consolar a su hermano y salir lo mejor posible del conflicto que acababa de generarse entre ellos. Toda una lección de maestría en el uso de las artes sociales.
Por lo que finalmente podemos concluir que para poder influir en el comportamiento de una persona hemos de ser capaces de ejercer un autocontrol sobre nosotros mismos, ya que si no somos capaces de controlar nuestra persona, difícilmente podremos controlar a otra. En segundo lugar, la empatía es fundamental, ya que opino, que si no somos capaces de ponernos en el lugar del otro y tratar de entender su comportamiento y los motivos que le movieron a llevarlo a cabo, no podremos influir en esa persona y hacerla cambiar de parecer.
Pero si pensamos un poco más globalmente, nos damos cuenta que estas artes no nos sirven únicamente para influir sobre los demás, sino que también son una llave esencial en cualquier relación social que establezcamos. Conseguirá acercarnos a la otra persona, comprenderla y crear un ambiente cordial en nuestro trato con los demás.
LA EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES.
En este capitulo también se hace especial hincapié en la importancia de expresar los propios sentimientos.
Paul Ekman utiliza el término Despliegue de roles, que Goleman nos comenta.
El término despliegue de roles se refiere al consenso social en el que resulta adecuado expresar los sentimientos, un dominio en el que existe una gran variabilidad intercultural.
Las distintas culturas han aprendido de un modo diferente a manifestar sus sentimientos, en función muchas veces de lo que resulte socialmente correcto en cada momento.
De este modo se nos presentan los fundamentales Despliegues de roles:
1) MINIMIZAR las emociones: esconder nuestra verdadera emoción.
Ej: en Japón hay que camuflar tu desagrado por algo, si estas en presencia de una autoridad.
2) EXAGERAR las emociones: Magnificar tus sentimientos
Ej: un niño que monta una pataleta a su madre
3) SUSTITUIR un sentimiento por otro.
Ej: cuando recibes un regalo que no te gusta nada pero pones buena cara y dices lo mucho que te gusta.
La sustitución de un sentimiento por otro es algo que todos hemos aprendido ha hacer, sobre todo para no herir a personas que queremos. Contaré una anécdota personal mía en la cual tuve que emplear este tipo de estrategia emocional.
Tendría yo unos seis años, cuando mi padre se fue un día a comprar un remolque para transportar caballos a Zamora, donde por lo vista había una tienda donde eran de excelente calidad y estaban a un precio muy bueno. Mi madre y yo nos quedamos en casa. Por la tarde, después de haber comprado el remolque y antes de iniciar el regreso a casa, mi padre llamó para decirnos que ya volvía y reclamó que yo me pusiera al teléfono. Cuando hablamos, me dijo que me traía una sorpresa, que me traía un regalo, pero que como regresaría tarde porque había unas cuantas horas de camino, que me acostase y no le esperase despierta.
La emoción inundó mi pequeño cuerpo, y no podía dejar de pensar en qué sería aquello que mi padre me tría. Traté de no hacerme demasiadas ilusiones porque ya conocía a mi padre y sabía que a cualquier cosa le llamaba regalo, pero yo era pequeña, y mi imaginación no paraba de volar. No dormí en toda la noche, como si esperase a los Reyes Magos. Por fin se hizo de día y no podía esperar más, necesitaba ver que era lo que me había traído. Cuando por fin mi padre se levantó de la cama, corrí a que me diese mi regalo, y el hombre así lo hizo. Sentí como toda la ilusión se esfumaba en un instante cuando vi lo que mi padre sostenía en su mano y me entregaba tan entusiasmado. Era un llavero de propaganda de la tienda donde había comprado el remolque. ¡Un llavero de propaganda que le dio el vendedor!. No podría describir mi decepción. Pero le miré a la cara, y vi su expresión de entusiasmo, buscando mi aprobación, que sonreí, cogí el llavero(que por cierto era espantoso), y le di las gracias por haberme traído algo. En esos momentos me hubiese gustado tirarselo a la cara, por haberme tenido toda la noche esperando algo que al menos no fuese de propaganda, pero no lo hice. Y no lo hice porque no podía hacerle daño, yo ví en sus ojos la ilusión con la que me traía aquella cosa, y hubiese sido cruel por mi parte. Cuento esto porque veo que es un claro ejemplo de, como con seis años, fui capaz de controlar mi impulso inicial, y de entender a la otra persona dándole lo que él quería que yo le diese, que no era más que mi aprobación a su regalo.
El conocimiento de estas estrategias y del momento en el que deben emplearse constituye un factor esencial de la inteligencia emocional.
El aprendizaje del despliegue de los roles comienza en nuestra infancia, y es un aprendizaje parcialmente explícito, es decir que no se nos explica abiertamente como tal, sino que lo vamos adquiriendo al seguir una serie de modelos presentes en el entorno en el que nos desarrollamos. Los adquirimos al ver comportarse a nuestros padres en distintas situaciones, y se van mezclando con las normas sociales que se nos trasmiten, estas ya , de una manera más explicita. Sería para simplificar la idea, que los niños aprenden éstos modelos viendo lo que hacen los demás.
En la educación sentimental las emociones son tanto el medio como el mensaje. Es decir, que el tono con el cual nosotros abordemos una situación, el tipo de emoción que nosotros pongamos(enfado, alegría, dulzura, irritación…), será transmitido a nuestros hijos de tal manera, que ellos no sólo captaran que es lo que deben hacer, sino también el cariz emocional que la situación ha tomado.
Muchas veces para poder dominar las relaciones sociales, nos vemos obligados a ocultar nuestros verdaderos sentimientos y a manifestar otros con el fin de que no hieran a personas a las que no queremos hacer daño. Esta sutileza emocional se va adquiriendo desde la infancia, en función de cómo hayamos visto resolver situaciones semejantes. Es por ello por lo que cada cual aprende según un modelo, y la variabilidad será enorme entre los distintos individuos.
LA EXPRESIVIDAD Y EL CONTAGIO EMOCIONAL.
En esta parte del capítulo podemos adentrarnos con mayor profundidad en un aspecto esencial en cualquier relación interpersonal, como es el hecho de que las emociones son contagiosas.
En cada relación que establecemos con otras personas, subyace un intercambio subterráneo de estados de ánimo que nos llevan a percibir algunos de esos encuentros cono tóxicos o por el contrario agradables.
Es evidente que cuando hablamos con otra persona, le estamos trasmitiendo una valiosa información que no va implícita en las palabras que decimos. No podemos olvidar, como bien hemos comentado en clase en numerosas ocasiones, el valiosísimo mensaje de la expresión corporal, el lenguaje no verbal, el que no se oye pero que si se percibe.
Desde mi punto de vista, las personas no llevan premeditado el fijarse en el lenguaje no verbal de una forma deliberada, sino que más bien ese valioso mensaje le recibimos de un modo inconsciente. De esta manera, todos estaremos de acuerdo en que, cuando estamos hablando con una persona que no se encuentra cómoda, somos capaces de percibir su desasosiego y de algún modo, esa sensación es como si nos la trasmitiera, y estamos deseando de terminar esa conversación porque nuestro interlocutor nos ha hecho que no nos sintamos a gusto, y nos vamos pensando en que si podemos evitar tener que hablar con esa persona, lo evitaremos. Esta es mi opinión, pero por si no ha quedado clara, recurramos a lo que el autor nos va diciendo, para ver el asunto con una mayor perspectiva.
Al autor nos dice, que en cada encuentro que sostenemos emitimos mensajes emocionales, y esas señales afectan a las personas que nos rodean.
Una persona muy empática va a sentirse mal si nosotros estamos tristes, porque va a saber captar las señales que inconscientemente emitimos y que ponen de manifiesto nuestra tristeza.
La inteligencia emocional incluye el dominio de este intercambio, tanto el ser capaces de capta, como el ser capaces de trasmitir.
La persona que sea capaz de dominar este complejo idioma tendrá en su poder la llave del éxito social. Si somos capaces de darnos cuenta del estado de ánimo de la persona que tenemos delante, podremos hacer algo para influir en su estado, o bien podremos darle lo que necesita para sentirse mejor.
El autor hace referencia a continuación a una serie de estudios que avalan las ideas que vamos a exponer ahora.
Las personas tendemos a imitar las emociones de la persona que tenemos delante. Aunque no nos demos cuenta, tendemos a adoptar sus gestos, y a contagiarnos de sus emociones. De ese modo si charlamos con alguien rebosante de felicidad, es como si nos la contagiase, haciendo que una sonrisa se dibuje en nuestra cara y que tengamos la sensación de que nos ha alegrado el día. Por el contrarío si estamos con una persona que está enfadada, nuestro gesto se irá tornando más huraño y es como si nos amargase el rato.
Es una transferencia de estados de ánimo entre dos personas. Se suele adoptar el estado de ánimo de la más expresiva.
También hay que señalar que no todas las personas se contagian por igual, aquellas personas con un alto grado de empatía son capaces de emocionarse viendo un anuncio que les llegue al alma, o alegra su día por un simple comentario jovial.
Un concepto importante es el de sincronía emocional, el cual va muy ligado a las posturas físicas que adoptamos cuando nos relacionamos con los demás. Si estas están en sincronía con las de las personas con las que nos relacionamos el ambiente creado será cordial, pero si no somos capaces de adaptarnos crearemos situaciones incomodas. Pero expliquemos esto un poco mejor.
El grado de armonía emocional que experimenta una persona en un determinado momento se refleja en la forma en la que adapta sus movimientos físicos a los de su interlocutor.
Parece que cuanto mayor es el grado de sintonía física existente entre dos personas, mayor es la semejanza entre sus estados de ánimo.
El alto nivel de sintonía de una determinada interacción es un indicador del grado de relación existente entre las personas implicadas.
Ser capaces de ajustar nuestra emoción a la de la otra persona es fundamental para una buena relación. Aquellas personas que son diestros en sintonizar con los estados de ánimo de los demás, obtendrán mejores relaciones sociales que aquellos que tienen dificultades para captar y trasmitir las emociones, ya que debido a esa dificultad serán incapaces de sintonizar con la otra persona, despertando una sensación de incomodidad en los demás sin que éstos puedan explicar con claridad el motivo que les incomoda.
Como indiqué con anterioridad, las emociones de la persona más expresiva suelen arrastrar a las emociones de la otra, y este es un claro ejemplo que vemos en los oradores, predicadores, y políticos de éxito, que simplemente con su discurso son capaces de provocar el contagio de la emoción que pretenden trasmitir, metiendose al auditorio en el bolsillo. Esta capacidad para movilizar las emociones de los demás es la clave para poder influir en su voluntad.
LOS RUDIMENTOS DE LA INTELIGENCIA SOCIAL.
En esta parte, Goleman nos introduce a los cuatro elementos que componen la inteligencia emocional, establecidos por Hatch y Gardner.
1) Organización de grupos: Habilidad para movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas. Lo encarnan los típicos líderes del grupo.
2) Negociar soluciones: Impedir la aparición de conflictos o solucionar aquellos que se declaren. Mediadores.
3) Conexiones Personales: Habilidad que se asienta en la empatía, favorece el contacto con los demás, facilita el conocimiento y el respeto por sus sentimientos y sus intereses y permite, en suma, el dominio del sutil arte de las relaciones.
4) Análisis Social: Habilidad que consiste en ser capaces de detectar e intuir los sentimientos, los motivos y los intereses de las personas, un conocimiento que suele fomentar el establecimiento de las relaciones con los demás y su profundización.
El conjunto de todas estas habilidades constituye la materia prima de la inteligencia interpersonal, del éxito social, e incluso del carisma.
Las personas socialmente inteligentes, pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier interacción humana.
Las personas que dominan estas artes, son capaces de leer las emociones de los demás, y de controlar las suyas propias en base a ello, por lo que dan a la otra persona lo que quiere ver y oír.
Pero hemos de usar estas habilidades sin olvidarnos en ningún momento de nosotros mismos, ya que si no caeremos en el rol de los camaleones sociales.
Los camaleones sociales son personas que actúan de un modo similar en el sentido de que hacen uso de las habilidades sociales que poseen, para crear una imagen de si mismos que se adapte a lo que los demás quieren ver, pero de un modo muy superficial, ya que lo que es en realidad, está muy alejado de lo que el resto piensan que es por la imagen que se empeña en explotar.
Los camaleones sociales no dudan lo más mínimo en decir una cosa y hacer otra diferente, malviviendo así con la contradicción entre su rostro público y su realidad privada, si con ello consiguen un mínimo de aprobación social.
Estas personas, en lugar de decir lo que verdaderamente sienten, tratan de buscar pistas sobre lo que los demás quieren de ellos. Con tal de ser socialmente aceptados, son capaces de adaptarse a cualquier situación, y echando mano de sus habilidades sociales, pueden representar distintos personajes en función de las personas con quienes se encuentren.
Pero lo que nos permite diferenciar un camaleón social, de una persona realmente hábil emocionalmente va a ser, por un lado que el último actuará en consonancia con sus verdaderos sentimientos, manteniendo su integridad, cosa que el camaleón no tiene.
LA GÉNESIS DE LA INCOMPETENCIA SOCIAL.
En esta parte de la exposición trataré de asentar la idea que propone el autor de que el fracaso social radica en la ausencia de las habilidades sociales anteriormente comentadas.
Aquellas personas que no dominen ninguna de estas habilidades sociales, fracasarán estrepitosamente en sus relaciones con los demás, independientemente de lo brillantes que sean.
Recapitulando todo lo expuesto con anterioridad, y que Goleman enlaza aquí con maestría, el no saber sincronizar los movimientos a los demás, el no ser capaces de percibir la emociones del otro, sus deseos, su estado de ánimo; no serán capaces de llevar una vida social satisfactoria.
Todas estas habilidades las aprendemos desde que somos pequeños, y el paso por la escuela donde tenemos nuestro primer examen social es crucial para el desarrollo de las mismas.
Es preciso saber leer el lenguaje no verbal, los signos que la otra persona nos manda, ya que si somos incapaces de verlos, la relación se tornara muy complicada. Todos podemos pensar de este modo, en que aquellos que no reconozcan los signos que en una conversación se introducen para indicar que ya ha finalizado, o para hacer ver que se quiere cambiar de tema, o miles de ejemplos más, harán que la otra persona no quiera volver a hablar con nosotros, porque resultamos incómodos para ella.
Las personas socialmente inadaptadas son incapaces de prestar atención a los sentimientos del otro, no paran de hablar como si de un monologo se tratase, y pueden hacer preguntas indiscretas porque como no prestan atención a la otra persona no consideran que puedan molestarle.
También están en el otro extremo los insociables que no entablan conversación con nadie por miedo a ser rechazados, o porque simplemente no saben que decir.
En el final de éste capítulo, se trata de buscar cual es el punto en el cual una persona se vuelve antisocial, y deja de manejar las habilidades que le permitirían establecer fructíferas relaciones con el resto de personas.
Para conseguir esto hemos de remontarnos a la niñez, y analizar el momento en el que un niño es rechazado como compañero de juegos por un grupo de niños.
Existe un contraste entre las técnicas de acercamiento al grupo entre niños adaptados y niños rechazados.
Esta diferencia ha sido objeto de muchos estudios, que se han centrado en el momento crucial del rechazo del grupo para intentar atisbar el origen del fracaso.
Estos estudios han concluido lo siguiente: lo normal es que la persona que se acerca al grupo al cual quiere introducirse, observe durante un tiempo y luego pongan en marcha sus estrategias de aproximación, mostrando su asertividad de manera muy discreta.
Lo más importante a la hora de determinar si un niño será aceptado o no es su capacidad para el marco de referencia del grupo y para saber que cosas son aceptables y cuales se hallan fuera de lugar.
“los dos pecados capitales que suelen cometer los niños a los que se rechaza son:
- El intento de asumir el mando demasiado pronto
- No sintonizar con el marco de referencia
Los niños impopulares tratan de cambiar bruscamente de tema y dar sus opiniones aunque sean contrarias a las de los demás, intentando llamar la atención, y que los lleva a ser rechazados.
Por el contrario los niños populares, antes de aproximarse a un grupo suelen observarlo para comprender lo que está ocurriendo y luego hacen algo para ratificar su aceptación, esperando a confirmar su estatus antes de tomar la iniciativa de sugerir lo que todos deberían hacer”
Este a sido un resumen donde ha intentado destacar los puntos más importantes que se abordan en este capítulo de “Inteligencia Emocional”, que tendré el gusto de exponer a mis compañero durante una clase, en la que trataré trasmitir la esencia de lo que son las artes sociales, y la importancia de dominarlas si queremos enriquecer nuestra relación con los demás. Así mismo trataré que mi exposición tenga una participación activa por parte de mis compañeros, porque considero que en el arte de las relaciones todos tenemos experiencia, y entre todos podremos concluir cual es la mejor manera, basándonos en las claves que Goleman nos ofrece, de mantener unas relaciones sanas con el resto de personas que en nuestra vida irán apareciendo.
